No es grato hablar de los sufrimientos que tenemos en
la vida, y mucho menos reflexionar sobre los efectos que éstos tienen en
nuestra existencia. El tema del sufrimiento nos obliga a examinar nuestra vida
en profundidad, porque a simple vista sufrir es algo muy injusto. Además, por
más que intentemos calmar nuestras aflicciones consumiendo tranquilizantes o
ahogando nuestras penas en alcohol, igual persiste esa ansiedad profunda que
exteriorizamos a través de la pregunta: ¿Por qué a mí?

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